Articles on Bienestar digital y menores
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Cuando la participación es en persona, cara a cara, los adolescentes se sienten más motivados y más acompañados. ¿Cómo podemos ayudar a dar una salida presencial a su compromiso social?
Un amplio estudio con más de 10 000 escolares de entre 8 y 18 años muestra datos preocupantes y señala caminos para mejorar.
Cuando alguien pone en nuestras manos un móvil, nos ofrece un aparato donde involuntariamente perdemos la noción del tiempo, donde los algoritmos tienden a amplificar mensajes polarizados y desinformativos, donde uno de cada diez adolescentes sufre ciberacoso y las desigualdades se acentúan.
No sólo debemos pensar en cómo conseguir usar menos el móvil, sino en qué factores nos ayudan a usarlo mejor. Uno de ellos es el deporte, especialmente en la adolescencia.
Los niños y jóvenes que han crecido en familias en las que las comidas familiares estaban colonizadas por pantallas (televisión, tabletas y móviles) muestran un déficit manifiesto de habilidades comunicativas y conversacionales.
Los ‘chats’ de los videojuegos a menudo permiten por defecto acceso a cualquier usuario y pueden ser una vía de contactos no deseados para los más pequeños.
El ecosistema digital que los niños y adolescentes tienen como referencia cultural fuera de la escuela se puede aprovechar para fomentar su pensamiento crítico desde el aula.
No debemos confundir consuelo digital con apoyo profesional ni con relaciones humanas.
Desde que acceden a internet, chicos y chicas se enfrentan a contenidos pornográficos y sexistas que pueden influir en su visión de las relaciones entre hombres y mujeres y de la igualdad de género.
Internet y las redes sociales son espacios claves para el aprendizaje, la creatividad, la construcción de la identidad, la socialización y el compromiso social.
Las chicas tienen peor salud mental a partir de la adolescencia. ¿Por qué? ¿Qué se puede hacer?
El Gobierno propone obligar a fabricantes a incluir controles parentales activados y advertencias en los dispositivos. La industria tecnológica se opone alegando sobrecostes y fragmentación del mercado.
La pornografía no solo moldea cómo los niños y jóvenes aprenden a desear, sino también cómo las adolescentes aprenden a ser deseadas.
Mientras para los chicos la madurez representa más independencia, para muchas chicas implica mayor presión, más expectativas y más autoexigencia.
Cuando el proceso de adicción ha comenzado, no siempre es posible retirar el acceso de un niño a los videojuegos, sobre todo, cuando se da una escalada de agresividad o cuando lo hemos intentado varias veces sin lograrlo.
Menores niveles de urgencia (un componente de la impulsividad) se relacionan con el uso problemático de videojuegos. Es exactamente lo contrario que sucede en la adicción al alcohol.
En la era digital, educar no es prohibir pantallas, sino acompañar desde la coherencia: apagar el teléfono, escuchar y ser ejemplo de uso consciente.
Ser víctima de ciberacoso no solo hace sufrir: también aumenta las probabilidades de convertirse en acosador.
Cada vez más familias y educadores se preguntan cómo educar entre pantallas. Hemos diseñado una aplicación para acercarles a la naturaleza a través de un juego presencial.
Las escuelas reducen pantallas, pero difunden imágenes de menores en redes. Esto implica riesgos, fomenta hábitos digitales y vulnera derechos; el consentimiento debe ser informado, libre y sin coacción institucional.



















