Articles on adicción a las pantallas
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Las medidas que adopten las plataformas digitales para frenar los problemas de mal uso de las redes por menores son fundamentales, pero no sustituyen a la alfabetización digital, tanto de los jóvenes como de sus progenitores y educadores.
Las series de televisión están diseñadas para empalmar un episodio tras otro, para que profundicemos en sus historias y conectemos con sus personajes… y para que nos resulte cómodo y (casi) adictivo verlas.
Hablamos de “dispositivos digitales” o de “nuevas tecnologías” para referirnos a un móvil, una tablet, un portátil, un ordenador o una consola. Pero tienen un distinto impacto en nuestro bienestar.
Hacer un uso responsable y deliberado de la tecnología debería estar al alcance de todos los ciudadanos, no solo de los mejor informados
Los trucos para mantenernos mirando la pantalla se conocen a fondo y su efecto en el bienestar también: ha llegado el momento de exigir otra tecnología.
Vivimos en un mundo tan físico como digital; los jóvenes intentan evitar la influencia excesiva de las redes, pero es casi imposible vivir al margen.
Menores niveles de urgencia (un componente de la impulsividad) se relacionan con el uso problemático de videojuegos. Es exactamente lo contrario que sucede en la adicción al alcohol.
Usar un teléfono inteligente no es muy diferente a tener piojos: tiene un coste.
Nuestro reciente estudio muestra que aunque una mayoría de adolescentes usa la tecnología de manera equilibrada, el riesgo de caer en un uso problemático es elevado.
Algunos niños “nativos digitales” son más responsables que otros usando las pantallas, pero existen grandes variaciones entre países.
Una consecuencia negativa del uso de pantallas es, entre otras, que afecta al tiempo que los niños dedican a dormir, que parece haberse reducido en el último siglo.
Tik Tok triunfa entre los más jóvenes pero es la red social que más atrapa nuestra atención. ¿Cómo lo hace y qué efectos tiene en el bienestar de los menores?
El uso que los jóvenes hacen de las redes sociales depende de su madurez emocional y su capacidad de gestionar el torrente de información, situaciones y emociones que provocan.
Las pantallas no nos dejan tiempo para estar solos. De modo que no nos conocemos a nosotros mismos y esto deteriora nuestra relación con los otros.
La investigación iniciada del pasado 16 de mayo apunta a prácticas que favorecen, al menos, conductas problemáticas con las redes sociales entre los usuarios más jóvenes.
Abstenerse de pantallas de manera puntual no provocará cambios duraderos que mejoren el bienestar general. Es más eficaz ser conscientes del uso que hacemos y controlarlo deliberadamente.
Un uso problemático se puede reconducir: basta establecer límites y ser conscientes del tiempo que dedicamos. Los niños y adolescentes necesitan ayuda para lograrlo.
En internet también somos padres y madres: acordar con nuestros hijos qué tipo de supervisión haremos, evitar el acceso ilimitado a las redes e internet y respetar su intimidad son las claves.
Una nueva investigación revela que los niños con una predisposición genética más acentuada al TEA tienden a utilizar dispositivos durante períodos más extensos desde etapas muy tempranas.
El acceso a internet durante la infancia tiene una doble cara: un uso irresponsable y excesivo limita la interacción con el mundo real y el desarrollo, pero aprender un uso correcto es imprescindible.



















