Articles on neurociencia
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Dos músicos enmascarados, una guitarra microtonal, ritmos imposibles y una sensación inicial de extrañeza: Angine de Poitrine parece diseñado para confundir. Sin embargo, ahí está parte de su atractivo.
La percepción de nuestro cuerpo puede cambiar en función de estímulos externos. Además, ahora sabemos que, sorprendentemente, nuestra sensibilidad a estos cambios depende de la red social de apoyo con la que contemos.
El cerebro tiene la capacidad de filtrar el ruido del entorno y decidir qué elementos son lo suficientemente relevantes o novedosos como para interrumpir lo que estamos haciendo y obligarnos a “mirar”.
La resiliencia neuronal no solo tiene que ver con el poder fisiológico del sueño reparador. Inciden también en ella los hábitos saludables, la empatía, el equilibrio emocional y el control del pensamiento.
El análisis de la actividad cerebral abre nuevas vías para comprender mejor las altas capacidades y apoyar su estudio en contextos educativos reales.
La cualidad contagiosa del bostezo es casi universal entre seres humanos. Su existencia parece responder a señales ancestrales desarrolladas para mejorar la supervivencia de los grupos.
Por qué nuestro cerebro tiende a repetir reacciones y conductas que nos perjudican y qué dice la ciencia sobre la posibilidad real de transformarlos
Algunas personas mayores parecen desafiar el tiempo y conservan una memoria sorprendentemente joven. La neurociencia sigue desvelando qué tienen de especial sus cerebros.
¿Por qué cambian los detalles de nuestros recuerdos y no son siempre idénticos? ¿Y por qué nos siguen pareciendo, como dicen Rosalía y Carminho, “siempre verdad” en nuestra mente?
Reconocer un rostro parece automático, pero no lo es. La prosopagnosia muestra que ver no siempre implica reconocer y revela cómo el cerebro construye la identidad social.
La estimulación física, social e intelectual durante la infancia y la adolescencia es crucial para el desarrollo cognitivo. Un estudio reciente con ratones identifica el mecanismo molecular concreto que conecta el entorno con la plasticidad cerebral.
La capacidad de resistir cuando nos vienen más dadas solo es cuestión de actitud: la resilencia tiene una base biológica que puede fortalecerse o debilitarse con nuestras experiencias y hábitos.
No es “neuro” todo lo que reluce. Añadir este prefijo a una palabra parece conferir respetabilidad científica a quien lo usa, pero solo debería emplearse para aquello que tiene una relación demostrable con el sistema nervioso.
Escuchar a alguien que piensa distinto suele incomodarnos. ¿Qué ocurre en el cerebro ante el desacuerdo y por qué aprender a regularlo es clave para nuestro bienestar?
El cerebro adolescente necesita tiempo, acompañamiento, experiencias reguladas y vínculos reales para desarrollar plenamente su capacidad de autorregulación frente a las redes.
Si mi mente puede crear experiencias que parecen reales mientras duermo, ¿cómo sé que ahora no está haciendo lo mismo? Veamos lo que dice la ciencia.
Si entendemos el deseo como una fuerza que nos ayuda a actuar, y no como la respuesta a una carencia, podemos perseverar y mantener objetivos a largo plazo.
Si los propósitos de Año Nuevo fracasan no es tanto porque falle la voluntad como porque nos equivocamos al diseñar el cambio.
La afirmación de que el cerebro, y en particular el lóbulo frontal, termina de desarrollarse a los 25 años es mucho menos sólida de lo que las redes sociales quieren hacernos creer.
Al reducir carga innecesaria, gestionar mejor el tiempo y utilizar estrategias más estimulantes, podemos aprender de manera más eficiente.



















