Articles on trastornos del sueño
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Con el paso de los años, dormir “como un niño” se vuelve más difícil. El sueño parece menos profundo, los despertares nocturnos son más frecuentes y cualquier pequeño ruido puede interrumpir el descanso.
Pulseras, relojes y anillos inteligentes prometen decirnos cómo dormimos. Pero sus datos tienen limitaciones y pueden alterar nuestra percepción del descanso hasta el punto de empeorarlo.
Aunque con la edad empeora el descanso nocturno, ciertos cambios o una mayor dependencia de hipnóticos pueden indicar un envejecimiento cerebral no saludable, lo que convierte al sueño en un posible marcador temprano de riesgo cognitivo.
Existen tres periodos en los que el sueño femenino se puede alterar de forma significativa: el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia.
A diferencia de las pesadillas, estos intensos episodios se producen durante la fase del sueño profundo. Afectan sobre todo a los niños y suelen desaparecer con el paso de los años.
La adolescencia es una etapa clave para el desarrollo del cerebro, que necesita sus horas de sueño para moldearse adecuadamente. El uso excesivo de pantallas agrava la alteración de ese descanso nocturno.
La consciencia de estar soñando es una experiencia bastante común que incluso se puede entrenar. Aunque suena muy bien, tener sueños lúcidos no beneficia obligatoriamente la calidad de nuestro descanso nocturno.
La irrefrenable pulsión de mover las piernas (sobre todo por la noche) puede repercutir muy negativamente en la salud mental y física de quienes la sufren.
Las investigaciones demuestran que los adultos jóvenes y las mujeres son especialmente susceptibles al trastorno afectivo estacional.
Vinculada directamente a la obesidad, la apnea obstructiva del sueño impide la correcta respiración durante el descanso nocturno. Conlleva una plétora de males asociados, como trastornos cardiovasculares o un alto riesgo de sufrir accidentes.
Digna de una película de terror, este tipo de vivencia puede estar vinculada a episodios estresantes puntuales o a una mala higiene del sueño.
Muchos días laborables nos quedamos hasta las mil viendo una serie, charlando con amigos o practicando alguna afición. Y acabamos intentando recuperar las horas robadas al sueño durante el fin de semana. Ese desfase horario social no le sale gratis a nuestro organismo.
Cada vez dormimos peor y cada vez consumimos más somníferos. Hay fórmulas para prevenir los trastornos del sueño que evitan las pastillas.
El momento de irse a dormir puede ser turbulento y difícil para quienes se sienten invadidos por pensamientos intrusivos antes de acostarse. ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo podemos modularlo?
Los trastornos del sueño pueden ser aterradores para quienes los padecen. Algunos suplementos naturales se publicitan como ayuda. ¿Son realmente útiles? Repasamos algunos de ellos.
A pesar de que hay evidencias de que desde que comenzó la pandemia dormimos más horas, paradójicamente también dormimos peor. Porque se ha reducido la calidad de nuestro sueño y se han desincronizado nuestros ritmos.
El ruido molesta y lo hace de manera diferente de día que de noche. En el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido explicamos cómo afecta a la salud del ser humano, especialmente en las grandes ciudades.
Ocho de cada 10 pacientes con covid-19 presentaban al menos un síntoma persistente desde los 14 días hasta las 16 semanas después de la infección aguda, aunque algunos efectos podrían durar más.
No solo las preocupaciones nos desvelan. La luz y el ruido son los principales ladrones de sueño… El silencio y la oscuridad deberían ser dos patrimonios a proteger si queremos vivir en una sociedad sana.
Los dispositivos electrónicos deben ser aliados, no enemigos. Si aprendemos a usarlos correctamente podemos evitar inconvenientes como el dolor cervical y el insomnio.



















