Articles on neuroeducación
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Hacer las clases entretenidas y despertar la atención no garantiza el aprendizaje. Explicamos los ingredientes para la receta perfecta, según la ciencia.
El cerebro aprende interactuando con el cuerpo y el entorno. Deporte y psicomotricidad son una forma de conocimiento, de creatividad y de construcción personal.
Entender cómo se desarrolla el cerebro humano es fundamental para tomar decisiones pedagógicas y responder a las conductas con información y fundamento.
Ser docente no quiere decir tener todas las respuestas ni ser infalible: mostrarse como una persona que se equivoca y todavía aprende tiene un impacto positivo en el aula.
Entender cómo funciona el cerebro nos ayuda a estudiar mejor: menos tiempo, con menos esfuerzo y de manera más eficaz.
Al reducir carga innecesaria, gestionar mejor el tiempo y utilizar estrategias más estimulantes, podemos aprender de manera más eficiente.
La adolescencia es la etapa de la vida en que más tarde nos acostamos; empezar más tarde las clases permitiría dormir más y favorecería la capacidad para aprender, memorizar y sentirse bien.
Un estado mental de máxima concentración puede ser positivo y placentero o estresante y agotador. Todo depende de cómo es nuestra mente y cómo controlamos la atención.
La autorregulación aplicada al aprendizaje musical permite transformar la práctica para dominar la técnica en expresión creativa y la intención expresiva.
Los juegos son la mejor vía de aprendizaje: proponemos varias actividades que ayudan a desarrollar el control de impulsos y la concentración en los más pequeños.
La música puede ayudar a entrenar la atención y la memoria o a fortalecer el aprendizaje de la lectura en los niños. Ofrecemos pautas para usarla con esa intención.
Una herramienta diseñada por especialistas ayuda a los maestros a detectar posibles problemas en edades tempranas.
El cerebro es una herramienta poderosa, pero necesita tiempo, desafío, emoción y descanso. Comprender cómo funciona puede transformar la forma en que se enseña y se estudia. Porque no se trata de estudiar más, sino de estudiar mejor.
Hay aprendizajes académicos que no se afianzan en el cerebro cuando dejan de usarse: se quedan en estado latente. Es lo que se llama la “pérdida veraniega”.
Lo inesperado nos hace estar más alerta. Nuestro tálamo se activa para determinar si es una amenaza y la atención se agudiza. ¿Se puede potenciar en el aula?
El esfuerzo en el aprendizaje es aprender a aceptar la frustración que sentimos cuando nos enfrentamos a algo que no somos capaces de realizar.
A menudo, sentirse frustrado con las tareas académicas es una señal de que estamos aprendiendo. Tolerar esa sensación y manejarla en nuestro beneficio es una enseñanza básica.
Aunque somos conscientes de la importancia de jugar en la etapa infantil, parece que, a medida que crecemos, optamos por reducir ese tiempo de juego considerablemente. La vida nos atropella y hay que priorizar lo productivo. Pero, ¿y si lo aparentemente lúdico también es productivo?
Los niños más pequeños viven en un presente eterno e inamovible, parecido al de otros seres vivos y distinto al de los adultos. Pero la noción del tiempo influye en la escritura, lectura y el cálculo.
Incluso aunque los cerebros de hombres y mujeres fueran diferentes biológicamente, coeducar contribuye a que las diferencias no se conviertan en desigualdades.



















