Articles on chatbots
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Los chatbots pueden escucharnos y adaptarse a nuestras preferencias. Pero ¿qué ocurre cuando empezamos a encontrar en una inteligencia artificial algunas de las cosas que buscamos en una pareja?
Desde este mes de agosto, las empresas de IA generativa están obligadas a marcar los contenidos producidos con sus sistemas, según la Ley europea de inteligencia artificial. La medida servirá para identificar qué proviene de una máquina, aunque también tendrá sus limitaciones.
Entrenar a la IA para que mantenga a raya los sesgos en sus respuestas es posible: le enseñamos cómo. Es una medida importante, porque los chatbots no son neutrales. Pensar lo contrario es un prejuicio que se conoce como sesgo de automatización.
Los ‘thanabots’ usan la información digital, la voz y otras características de una persona fallecida para ayudar a sus allegados a superar la pérdida. ¿Son éticos? ¿Realmente ayudan?
¿Cómo integrar a los chatbots en nuestras conversaciones sin que desplacen aquello que las relaciones humanas aportan y que no puede ser replicado? La negociación, la diferencia, la imprevisibilidad y la capacidad de transformarnos a través del otro son algunos ejemplos.
Cada vez más jóvenes confían sus emociones a la IA como confidente. La tecnología puede ayudarnos, pero ¿puede también generar dependencia emocional y empeorar nuestras relaciones?
En los próximos años el debate no estará en sí usamos o no tecnologías como los ‘chatbots’. La cuestión será cómo convivimos con ellas y qué tipo de experiencias se quieren construir en ese diálogo entre humanos y máquinas.
No debemos confundir consuelo digital con apoyo profesional ni con relaciones humanas.
Los ‘chatbots’ basados en inteligencia artificial pueden reducir síntomas leves de ansiedad y depresión, pero no sustituyen a un profesional.
Las visiones de la IA oscilan entre la utopía y la distopía. Si los escenarios utópicos imaginan máquinas que mejoran el bienestar, los distópicos evocan sistemas descontrolados que amplifican el conflicto.
Hablar no es solo emitir palabras, lo mismo que dialogar no es responder a un comando. Por eso no debemos pensar que los dispositivos de inteligencia artificial nos “entienden”.
Hablar con Cristo ya no es cosa de iluminados. Basta con bajarse la aplicación ‘Texto con Jesús’. Sermones con IA, confesores virtuales y videojuegos redefinen la trascendencia e instauran la ciberreligión.
Los sistemas de gestión de las relaciones con los clientes se están beneficiando de la IA y la gestión de datos, y optimizando y automatizando procesos.
The New York Times ha demandado a OpenAI pues considera que ChatGPT vulnera sus derechos de autor. El resultado de esta reclamación podría marcar un antes y un después en el mundo de las tecnológicas.
Con la IA mejoran las estrategias de marketing al optimizar la personalización de contenidos, automatizar las tareas repetitivas, permitir mejores análisis de datos y facilitar la interacción con los clientes.
Unos saludan la llegada de la inteligencia artificial, otros se muestran temerosos. También en el campo de la educación. Con el apoyo de los profesores, la IA puede ayudar a desarrollar el pensamiento crítico de los alumnos.
El desarrollo de la IA generativa ya es imparable, por eso se hace imprescindible que también sea ético y responsable. Por ello habrá que, entre otras medidas, acordar estándares y legislar a escala global.
Los chatbots de inteligencia artificial están creciendo a velocidad vertiginosa. Por ello, es probable que los ciudadanos recurran a ellos cuando busquen información política, pero la práctica entraña riesgos importantes.
El uso de ChatGPT puede suponer una revolución en la elaboración de trabajos estudiantiles: profundizar en la capacidad crítica puede ser mejor que tratar de prohibirlo o detectarlo.
Conocido como “deadbot”, este tipo de “chatbot” permitía a Joshua Barbeau, un hombre de 33 años, intercambiar mensajes de texto con una “Jessica” artificial que simulaba ser su prometida fallecida.



















