Articles on grasa
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Un estudio reciente propone una estrategia innovadora contra el cáncer: usar adipocitos modificados genéticamente para competir con los tumores por nutrientes esenciales.
De desecho a esperanza: la grasa corporal puede salvar vidas gracias a su uso en terapias avanzadas con células madre en enfermedades con pocas opciones de tratamiento.
Adiós al mito de que solo la obesidad visible es peligrosa. A diferencia de la grasa abdominal, el tejido adiposo intermuscular (IMAT) no se aprecia a simple vista pero aumenta drásticamente el riesgo de sufrir patologías cardiovasculares.
Arquímedes ya tenía la solución a cómo medir la obesidad.
La obesidad no solo incrementa el tamaño de nuestros michelines: las células grasas alteradas también aumentan la inflamación del organismo, y eso inflama las encías.
Un nuevo consenso científico europeo resta protagonismo al IMC para diagnosticar la obesidad, confiriendo importancia a la acumulación de grasa abdominal y a otros factores médicos y psicológicos.
Vinculada a los cambios hormonales femeninos, esta enfermedad se confunde a menudo con la obesidad y ha pasado inadvertida hasta tiempos recientes.
Normalmente, lo mejor es hacer ejercicio con el estómago lleno, pero la actividad física leve o moderada en ayunas podría reportar beneficios a quienes sufren algún tipo de desajuste metabólico.
Nos encaminamos hacia una sociedad cada vez más obesa y envejecida, pero aún queda mucho por descubrir sobre cómo interaccionan esos dos factores a nivel fisiológico.
Este importante hallazgo no solo permite conocer mejor los mecanismos bioquímicos de la obesidad, sino que también abre la puerta a desarrollar tratamientos que favorezcan la expresión del gen identificado.
La leptina, hormona responsable de la sensación de saciedad, también pone en marcha un mecanismo para transformar la grasa blanca en beis, más saludable. Hacer ejercicio y seguir una buena dieta favorecen esta metamorfosis.
Considerando el índice de masa corporal, un culturista de baja estatura, al pesar el músculo más que la grasa, podría ser clasificado erróneamente como una persona con sobrepeso. A la vez que una persona alta y delgada, pero con barriga cervecera, podría considerarse normopeso aunque su metabolismo se encuentre alterado.
El párametro más extendido para calcular la obesidad es el índice de masa coporal. Según este indicador, muchos atletas se considerarían obesos (pero no lo son). Como vemos, es un medidor con muchas limitaciones.
Desde hace años se conoce que las personas obesas son más vulnerables a las infecciones y a las complicaciones derivadas de las mismas. En el caso concreto de la covid-19, el 80% de las personas con manifestaciones severas por coronavirus eran obesas.
Los últimos estudios habían corroborado que la obesidad y la depresión van de la mano. Pero, ¿cuál va primero? un estudio reciente estudia estas variables, incluyendo también la edad y el género.
La mala fama que se han ganado las grasas podrían alejarnos este verano de espetos, aguacates y barbacoas. Pero no todas son malas para el organismo. Repasamos las más saludables y las prescindibles.
El cuerpo de los animales utiliza diferentes mecanismos, como el sudor o la acumulación de grasa parda, para regular la temperatura. Que presenten uno u otro depende del hábitat donde vivan.
Cuando la báscula nos dice que tenemos un peso ‘normal’ consideramos que no podemos tener obesidad. Sin embargo, nuevos estudios afirman que podemos estar delgados y padecer esta enfermedad.
Diferentes estudios han buscado la relación entre la ansiedad y la aparición de granos en la piel. Sin embargo, por ahora no podemos afirmar que esta sea la causa, aunque sí ayuda a su erupción.
Se ha señalado a las grasas como principales culpables de patologías como las enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en el mundo. Sin embargo, ni es así ni deben considerarse el principal enemigo público.



















