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Las relaciones románticas con la IA no son ciencia ficción y tienen un recorrido similar al de las relaciones entre humanos, aunque detrás hay una máquina que recoge los datos personales e íntimos que le proporciona su pareja humana.
¿Sabemos qué datos privados nuestros recopilan los videojuegos y cómo los usan? Pautas para protegernos y jugar con menos riesgos.
Los videojuegos tratan multitud de datos personales y no siempre somos conscientes de cuáles se tratan ni para qué. Conocer cómo podrían violar nuestros derechos y libertades, y en concreto nuestra privacidad, nos ayuda a jugar con más cautela.
El problema no está en que las máquinas reconozcan lo que ven, sino en que interpreten lo que creen que esa imagen dice sobre nosotros. Y ahí surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?
Los ‘bots’ con los que interactuamos en videojuegos y metaversos plantean nuevas cuestiones éticas, al mismo tiempo que la inteligencia artificial generativa los acerca cada vez más al comportamiento de las personas.
Aunque motivan y facilitan la interacción en un contexto académico, el papel de las redes sociales en la escuela debe estar muy medido y venir acompañado de una serie de protecciones.
La concentración de poder que propone este gigante tecnológico debe ser cuestionada, permitiendo el desarrollo de alternativas y nuevos servicios que promuevan la libre competencia de mercado.
Nuestras investigaciones a lo largo de seis años sobre el uso de las redes sociales por jóvenes indican que son conscientes de que “pagan” con sus datos y su tiempo por usarlas.
La inteligencia artificial analiza nuestras pautas de comportamiento, preferencias culturales y patrones de consumo ‘online’ para atribuirnos una religión, una ideología, una clase social o cierto estado de salud. Pero no siempre acierta.
Los menores crean su identidad virtual en redes sociales imitando comportamientos hipersexualizados. Esto, especialmente en las chicas, tiene un doble efecto de empoderamiento y vulnerabilidad.
Muchos jóvenes comparten por internet imágenes o vídeos semidesnudos. Hay que ofrecerles herramientas para decidir si enviar y cómo, qué hacer cuando reciben y evitar el reenvío sin consentimiento.
Estas son algunas cosas que sí y que no hacen las ventanas de navegación en incógnito.
La mayoría de las comunidades autónomas ha llegado a acuerdos con Google o Microsoft para usar sus plataformas educativas. ¿A qué tipo de información tienen acceso? ¿Existen alternativas?
La labor del profesorado a la hora de enseñar a hacer un buen uso de las redes sociales es tan importante como la de las familias. Un grupo de investigadores ha creado una serie de herramientas para la “ciberconvivencia”
La sobreexposición en internet de los jóvenes hará que creen una huella digital que pueda no beneficiarles en el futuro. Estas son las claves para que padres e hijos puedan controlarla.














