Articles on movilidad eléctrica
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Hace ya un año del apagón ibérico. El cero eléctrico del 28 de abril de 2025 ha tenido un impacto económico de 1.600 millones de euros, que ha repercutido en la factura eléctrica de los consumidores españoles.
Nuevos materiales, nuevas formas de extracción, reciclado… La ciencia se propone afrontar la escasez de recursos para coches eléctricos y asegurar el futuro de la movilidad sostenible.
La importancia de investigar materiales que garanticen la seguridad de las baterías en vehículos eléctricos.
Las baterías de estado sólido son una tecnología clave para fabricar vehículos eléctricos de mayor autonomía, que resuelve además problemas de seguridad y coste, pero su implantación podría tardar décadas.
Las baterías de sodio, más baratas y compactas que las de litio, junto con avances en recarga inalámbrica y electrificación de carreteras, podrían suponer un cambio de paradigma en la movilidad eléctrica.
Las mismas ayudas aplicadas a la adquisición de vehículos más sostenibles supondrían un avance hacia las reducciones de CO₂ a las que aspiramos.
Los investigadores del proyecto eCCoSHIP han desarrollado un sistema para producir electricidad a bordo aprovechando los gases de escape del motor y emplearla para propulsar las naves.
Mejorar la sostenibilidad del sector pasa por aumentar la cuota del ferrocarril, la electrificación de las flotas, la planificación territorial y la apuesta por el consumo de proximidad.
Distintas empresas están ya instalando estaciones de recarga en las carreteras. Pueden llegar a proporcionar a los vehículos entre 200 y 250 km de autonomía en menos de un cuarto de hora.
Los desplazamientos activos contribuyen a atajar la crisis climática más que los vehículos eléctricos, incluso si se cambia el coche por la bicicleta para un solo viaje al día.
Para saber si los patinetes eléctricos contribuyen a reducir las emisiones provocadas por la movilidad urbana, debemos analizar el impacto ambiental durante todo su ciclo de vida.
La falta de cargadores, su limitada autonomía y la escasa rentabilidad de los servicios de ‘car sharing’ en las ciudades pequeñas lastran la implantación definitiva de la movilidad eléctrica.
Factores como su alto precio, todavía insuficiente autonomía y la dificultad y tiempo de recarga continúan frenando el avance del coche eléctrico.












