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La aversión hacia ciertos alimentos es una reacción biológica básica para la supervivencia, pero puede estar moldeada por los significados simbólicos, las normas sociales y la historia evolutiva de cada comunidad.
Un estudio usa inteligencia artificial para trazar el mapa de las interacciones entre los receptores del gusto humano y otras proteínas. Los hallazgos podrían aplicarse a mejorar la nutrición, la salud y el diseño de alimentos.
¿Por qué los colores brillantes se asocian con alimentos frescos, mientras que un postre con colores intensos se percibe como más dulce? ¿Qué hace que una galleta resulte más sabrosa si la oímos crujir, o el marisco si lo degustamos con el sonido de las olas del mar de fondo?
Los humanos somos capaces de diferenciar hasta un billón de olores diferentes, pero solo cinco sabores básicos. El 80 % de lo que se detecta como sabor corresponde, en realidad, a las sensaciones olfativas del alimento.
Degustar los alimentos es una compleja experiencia multisensorial en la que intervienen las emociones, nuestra historia personal o incluso el poso de la cultura heredada.
¿Son resolubles los desacuerdos en cuestiones estéticas? ¿Podemos hacer una valoración estética sobre algo como quien elige su sabor favorito de helado?
¿Por qué tenemos gustos tan distintos y cambiantes sobre lo mismo? ¿Por qué amamos lo que otros detestan, y al contrario? ¿Cómo es posible que deje de gustarnos algo que nos encantaba, o a la inversa?
Está popularmente aceptado que la leche es el mejor remedio para contrarrestar el picor. Sin embargo, aun no existe una explicación que avale el efecto antipicor de ninguna bebida.
Los olores llegan a los lugares del cerebro relacionados con nuestro mundo interior, donde se almacena nuestro acervo emocional. De ahí que determinadas sustancias o alimentos nos evoquen recuerdos.
Los síntomas persistentes de coronavirus alcanzan a un 60 % de los pacientes pero la mayoría se sienten abandonados por el sistema sanitario. ¿Estamos preparados para atender este tipo de afecciones?
Los síntomas duraderos no parecen estar relacionados con la gravedad de la infección, aunque las mujeres parecen más afectadas que los hombres.
Si un día perdiésemos la vista, acudiríamos de inmediato al médico. Sin embargo, el tiempo transcurrido desde que se pierde el sentido del olfato hasta acudir a un especialista ronda los 2 años.
En torno al 70% de las personas que son infectadas por el virus presentan anosmia o disgeusia, aunque solo tengan una infección leve. ¿Podría servir para identificar la Covid-19 precozmente?
La forma en que experimentamos el gusto puede cambiar drásticamente con el paso de los años, pero no todo se reduce a un solo sentido.













