Articles on desigualdad
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Un encuentro con la historiadora, periodista y ensayista Anne Applebaum, ganadora del Premio Pulitzer en 2004, sobre cómo ciertas tendencias sociales, políticas, económicas y tecnológicas se han precipitado con la covid-19.
Las científicas españolas han visto mermada su actividad académica frente a la de los hombres durante y después del confinamiento. Compaginar el trabajo docente, de investigación y de cuidados en el hogar ha hecho que hayan tenido que sacrificar su producción científica.
Doctora en matemáticas por la Universidad de Harvard, esta prestigiosa analista ha hecho de los datos y los algoritmos un arma de activismo social. Es una voz autorizada para cuestionar el constante uso de de modelos matemáticos para analizar el momento presente.
El estado de bienestar sigue siendo la única herramienta capaz de articular los ideales combinados de eficiencia productiva, igualdad de oportunidades y solidaridad colectiva.
Sandel tiene mucho que decir y sabe cómo decirlo. Su condición de académico no le impide ser una ‘rock star’ del pensamiento contemporáneo: sus clases se televisan, llena estadios, la gente hace colas para escucharle.
El sexismo en forma de prejuicios también lastra el éxito de las mujeres en la universidad. Los agravios en la financiación y el limitado reconocimiento son barreras marcadas.
Saber de qué mueren las personas es crucial para poder tomar medidas que lo eviten. Sin embargo, la falta de datos fiables juega en nuestra contra en algunos países.
Reconocer como trabajadores a las personas que trabajan en plataformas aumentaría su protección social y disminuiría la desigualdad y la posibilidad de acceder a unos mínimos derechos.
Los fondos europeos de recuperación son indispensables para la economía española. Pero quizás las transferencias no sean suficientes y acudir a los créditos aumentaría una deuda pública ya desmesurada.
La pandemia ha acentuado aún más la brecha de género en la ciencia.
Las niñas africanas figuran entre las grandes víctimas de la pandemia. Tal y como ha ocurrido en momentos de crisis a lo largo de la historia, están creciendo los casos de violencia de género, las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos y los matrimonios infantiles, aumentando así la discriminación de género.
La deslocalización permite a las grandes corporaciones maximizar sus beneficios, pero esos rendimientos pueden generar consecuencias sociales muy negativas. Una de ellas, el trabajo forzado.
Según algunos analistas, las guerras comerciales, la inestabilidad política, las oscilaciones en los precios, una mayor desigualdad, el empeoramiento del estado del bienestar, el cambio climático y la irrupción de nuevas tecnologías, todo sucediendo al mismo tiempo a nivel mundial, abocan al inicio de un nuevo periodo económico: la era del desorden.
La ampliación de los ERTES no es una elección sino una necesidad para garantizar una recuperación de la economía española a largo plazo.
La expansión del virus SARS-CoV-2 ha agravado las diferencias que ya existían, auténticas brechas. ¿Qué podemos hacer para corregirlas?
El FMI señala en su informe de septiembre de 2020 que la economía española evolucionará en función de la salud de sus ciudadanos. O sea, que no es cierto que haya que elegir entre economía y salud. Al contrario, dice que sin salud no hay economía.
La historia de la vida del líder sindicalista sudafricano Mandlenkosi Makhoba representa a los perdedores de la nueva Sudáfrica, porque muestra cómo se produce y reproduce la desigualdad de generación en generación.
En pleno siglo XXI, hasta los gurús del neoliberalismo se oponen -a regañadientes- a que las grandes corporaciones puedan saltarse las reglas del juego, el ordenamiento jurídico y la regulación medioambiental.
La pandemia ha puesto sobre la mesa el hecho de que la cooperación entre países facilita la resolución de problemas comunes. Una mayor integración sería una oportunidad de crecimiento y desarrollo para América Latina.
Es hora de erradicar el pensamiento colonial y racista de la sociedad occidental. Las marcas ya se están posicionando pero la publicidad también necesita revisar su visión sesgada del mundo.


















