Articles on odio
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Un estudio con jóvenes en España muestra que las creencias conspirativas y las emociones negativas hacia los musulmanes, más que el miedo, explican la difusión del odio en redes sociales.
Que los humanos tengamos el “blanco de los ojos” hace que la expresión de las emociones en la mirada se amplifique. Incluyendo las miradas de odio, que tan vulnerables nos hacen sentir.
Un estudio sobre 2,1 millones de mensajes en X revela que el 88 % del odio permanece visible años después, favorecido por algoritmos que premian la viralidad y la emoción.
Empresarios y profesionales europeos pagaban por matar civiles en Sarajevo por diversión. Su perfil psicológico revela adrenalina extrema, deshumanización, sadismo encubierto y narcisismo maligno.
El deporte femenino conquista estadios, pero sufre el acoso en las redes. Un espacio inseguro, dominado por algoritmos que viralizan la ofensa. Muchas deportistas reducen su presencia, aunque cueste seguidores y contratos.
El populismo convierte el discurso de odio en estrategia política que manipula emociones y erosiona la convivencia democrática. En este tipo de contextos, lo verdadero o falso es irrelevante: lo que interesa es que los ataques sean efectivos.
Lo ocurrido recientemente en Torre Pacheco refleja cómo la mala gestión de la diversidad, los prejuicios y la polarización pueden desencadenar violencia social si no se abordan con responsabilidad colectiva.
La propaganda yihadista usa símbolos y cánticos para enmascarar mensajes de odio en redes sociales. Este enfoque discreto burla restricciones algorítmicas dificultando así su detección y planteando nuevos desafíos para frenar la expansión ideológica extremista.
La cultura de la cancelación, popularizada por Black Twitter y movimientos como #MeToo, combina justicia social con venganza digital. Criticada por intelectuales, enfrenta la disyuntiva entre la libertad de expresión y la represión colectiva impulsada por emociones.
Esta investigación pone de manifiesto que hay un odio en dichos mensajes lo suficientemente alto como para perturbar el debate público, pero lo suficientemente bajo para no entrar en problemas legales.
Estructura moral, sentido de propósito y de comunidad, militancia desde muy jóvenes… Los grupos terroristas ETA e IRA mantienen muchas similitudes en cuanto a su estructura y objetivos, pero también algunas diferencias como la participación femenina o la edad.
El odio hacia el rival político, en muchas ocasiones ligado a la desinformación, es una emoción intensa que desplaza a la razón e instala ideas que persisten en el tiempo, mucho más si se hace en pequeñas dosis.
Una investigación en España, Italia y Grecia ha analizado la representación de la inmigración en los medios de comunicación, el discurso de odio en redes sociales y las percepciones de los periodistas en esos países.
Los desacuerdos nos rodean y muchas veces nos distancian y nos hacen más intolerantes. Entenderlos en el contexto digital resulta fundamental para mejorar la calidad de nuestro debate público.
Un estudio identifica escenarios, agentes y estrategias para afrontar los discursos de odio en adolescentes y descubre que el arte puede ayudar a cuestionarlos y hacerles frente.
La actitud abierta de los jóvenes hacia personas con diversidad sexual es cada vez mayor, como también lo es su preocupación por el descubrimiento de su sexualidad, especialmente si no son heterosexuales.
El Congreso de los Diputados de España ha aprobado modificar el Código Penal para incluir expresamente el antigitanismo como delito de odio. Sin embargo, este ya incluía las penas por los delitos de odio a etnias.
Las armas de fuego ya son la principal causa de muerte de los menores estadounidenses, especialmente en casos de suicidio. Desde el 11-S ha habido más muertes por atentados cometidos por radicales de extrema derecha que por yihadistas.
Un estudio que ha empleado técnicas computacionales para analizar 850 000 tuits de toda Europa entre 2015 y 2020 destaca la mayor presencia de odio en países como Italia y Grecia, algo que contrasta con los reducidos niveles de odio presentes en España, un país con unas condiciones socioculturales y económicas semejantes.
Las expresiones verbales del odio tienen un potente reflejo en la cognición. El discurso del odio es un acto de habla que activa los sistemas emocionales del cerebro, busca acciones en el otro e instiga a que los demás actúen.



















