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En noches de exceso de calor extremo, el riesgo de morir aumenta un 2,6 % respecto a las noches sin estrés térmico en todos los climas y regiones del mundo.
Además de refrescar el ambiente en verano, el arbolado urbano amortigua el viento y mejora la calidad del aire.
Las especies adaptadas al clima local, con alta capacidad de sombra y evapotranspiración son las más efectivas para reducir la temperatura urbana.
Los materiales y la vegetación influyen en la temperatura que alcanzan las ciudades, pero dentro de los hogares importa además el aislamiento, las ventanas y la orientación.
En Europa, la contaminación del aire causa la pérdida de unas 270 000 vidas cada año, mientras que en España, cuatro de las cinco principales causas de muerte se relacionan con riesgos ambientales.
Diferentes factores hacen que las urbes almacenen la energía procedente del sol, la solución para evitarlo pasa por aplicar medidas como el aumento de zonas verdes y el uso de materiales de enfriamiento radiativo que envían el calor al espacio.
El verano se alarga dos meses en Madrid, de mayo a octubre. El aumento de temperatura exige actualizar los ficheros climáticos y revisar los materiales para edificios, reducir las islas de calor y garantizar el confort ciudadano.
Las diferencias en la distribución de zonas verdes en las ciudades suponen una injusticia social que aumenta la exposición a las altas temperaturas y a la contaminación ambiental a las comunidades vulnerables.
Se llama isla de calor urbana al aumento de temperatura nocturna que registra el interior de las ciudades en comparación con la periferia. Un estudio ha comprobado que este fenómeno tiene más impacto sobre la salud de la población en las urbes costeras.
El 75 % de los edificios de la Unión Europea no son energéticamente eficientes. Los materiales y la forma de las construcciones determinan su exposición al exterior y la cantidad de calor que pierden y absorben.
Las plantas y espacios verdes contribuyen a reducir el ruido y la contaminación, paliar el calor y cambiar nuestros hábitos de movilidad hacia modos más activos y sostenibles.
Los problemas de tráfico o la excesiva hojarasca se esgrimen para justificar la eliminación de especies vegetales en las ciudades. Con ellas desaparecen sus efectos positivos en el medio ambiente y las personas.
Los espacios verdes reducen el efecto isla de calor en las ciudades: pueden disminuir la temperatura entre uno y dos grados en los barrios situados en sus alrededores.
Es necesario que las ciudades desarrollen políticas efectivas de adaptación a las altas temperatura enfocadas, sobre todo, a la rehabilitación de viviendas de los hogares más vulnerables.













