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Mallorca no protesta contra quienes llegan, sino contra un modelo que obliga a marcharse a quienes viven allí. Frente a esa contradicción, este artículo propone una nueva figura: el “turista situado”, consciente de que pagar no absuelve y de que algunos viajes, alojamientos y actividades pueden dejar de estar moralmente disponibles.
El turismo no funciona como una organización única sino como una red de actores con intereses y objetivos distintos. Si no existe una gobernanza clara, cada uno buscará maximizar su propio interés.
El turismo es un motor de crecimiento económico a nivel global, pero los ingresos que genera no siempre se quedan en las localidades turísticas. Además, si no es sostenible, satura y gentrifica.
Cada vez viajan más personas y eso hace que algunos de los destinos turísticos más importantes del mundo estén más masificados que nunca. La saturación es tal que incluso se han producido protestas ciudadanas contra los visitantes.
El turismo masivo afecta negativamente a muchas ciudades. Las “staycations”, o vacaciones locales, surgen como una solución sostenible, apoyando la economía local y preservando el patrimonio cultural.
El desarrollo descontrolado del turismo en nuestras ciudades está provocando una grave crisis residencial que nos invita a una necesaria reflexión sobre el papel de las viviendas vacacionales urbanas.
La limitación del número de visitantes y una mejora en la calidad del viaje (con visitas guiadas, rutas turísticas y turismo experiencial y virtualizado), base de un turismo urbano más sostenible.
El turismo tiene la capacidad de despertar deseos y satisfacerlos, de ocupar territorios y de subrayar las diferencias entre los grupos sociales. Por todo esto se suele afirmar que el turismo es otro de los nombres del poder.
Las famosas islas en las que Darwin elaboró su teoría de la evolución también sufren el sobreturismo. La pandemia de COVID-19 puede empeorar su situación.
El trabajo simbólico de los ciudadanos modifica el valor de los lugares que habitan. En Barcelona, ha creado elementos simbólicos (cosmopolitanismo, juventud) con enorme impacto en las rentas.
El turismo es un motor para la economía española pero, al mismo tiempo, una fuente importante de gases de efecto invernadero.
Conlleva beneficios económicos y crea empleo, pero también hay que pensar en los que residen en los destinos a los que nos lleva el turismo.










