El Instituto de la Grasa (IG) es un Centro de Investigación de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) encuadrado en el Área de Ciencia y Tecnología de los Alimentos.
El instituto se creó en el año 1947 con la finalidad de contribuir a la mejora y al desarrollo de los sectores industriales relacionados con las materias grasas.
Desde su fundación ha dedicado una atención preferente al sector del aceite de oliva y la aceituna de mesa, de gran importancia económica y social en Andalucía, contribuyendo de manera decisiva a mejorar el nivel científico y tecnológico de ambos sectores mediante el desarrollo de tecnología de la elaboración del aceite de oliva, tecnología de la extracción y refinación de aceites de semillas, conservación y envasado, alteraciones oxidativas, biotecnología de la elaboración de aceitunas de mesa, preparación de criterios y métodos analíticos, bases para la elaboración de normas de calidad, etc.
La propia dinámica de los grupos de investigación, y la aparición de nuevas demandas y necesidades en el entorno productivo han propiciado la ampliación de sus objetivos científicos iniciales y la incorporación, junto a las líneas tradicionales, de nuevas líneas de investigación.
Adoptar una alimentación 100% vegetal supone una reducción de hasta un 46 % en nuestra huella de carbono, aunque seguir un patrón omnívoro mediterráneo ya conlleva efectos positivos en el medio ambiente.
La desinformación también ha puesto en la picota a las aceitunas negras. Aunque a algunas se les aplica un proceso químico para ennegrecer su color, todas son absolutamente seguras y verdaderas.
Una deficiente información y transparencia en el etiquetado dificulta que el consumidor conozca y disfrute de los beneficios de aceites como el de girasol alto oleico.
Elaboración del aceite a partir de las aceitunas.
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El líquido de desecho que se obtiene al elaborar el aceite puede ser rico en fenoles, compuestos saludables que, sin embargo, están más presentes en el AOVE. Además, el alpechín puede contener microorganismos y derivados poco recomendables.
Mujer aliñando una ensalada con aceite de oliva.
Minerva Studio/Shutterstock
En los países mediterráneos nos da la impresión de que este aceite vegetal es muy popular en todo el planeta, pero este es ampliamente superado en producción y consumo por otras alternativas.
Un exhaustivo estudio ha comparado las diferencias entre los productos vegetales que imitan alimentos de origen animal y los originales. Conclusión: muchos de los primeros no tienen por qué ser más saludables.
Un nuevo sistema de puntuación permite identificar la calidad nutricional de los distintos aceites disponibles en el mercado. Y aunque el AOVE no tiene rival, algunas alternativas –como el orujo de oliva o el de lino– son más baratas y bastante saludables.
El sistema de clasificación actual pone en el mismo saco a alimentos con muy distinto grado de procesamiento. Un grupo de investigadores ha desarrollado un método que, gracias a la inteligencia artificial, permite hacer distinciones mucho más afinadas.
Expositor de aceites en un supermercado de Barcelona.
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Aparte de su aroma y sabor, cada aceite posee unas propiedades nutricionales diferentes. Este artículo le ayudará a tomar una decisión informada cuando se enfrente a la estantería del supermercado.
El reciente informe emitido por el comité científico de Nutri-Score intenta subsanar algunos de los defectos que achacaban muchos expertos a este sistema de clasificación, pero se queda corto.
El aceite de girasol es muy versátil: se utiliza en los hogares y la industria alimentaría, pero también tiene otras aplicaciones, como la fabricación de pinturas, pesticidas y lacas. Pero la invasión de Ucrania está teniendo una gran repercusión en su disponibilidad y se hace necesario buscar alternativas.
Un buey en un área deforestada de la Amazonía para crear pastos para ganado.
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¿Reduciría su consumo actual de carne y lácteos? Existen motivos éticos, ambientales y de salud para hacerlo. Los españoles, sin embargo, comemos más carne que nunca.
Se ha señalado a las grasas como principales culpables de patologías como las enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en el mundo. Sin embargo, ni es así ni deben considerarse el principal enemigo público.