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Según los registros de la Agencia Estatal de Meteorología, el verano de 2026 ha sido el más cálido de la serie histórica española.
Un mar muy cálido aumenta la humedad, la inestabilidad y la energía en la atmósfera.
La abundancia puntual de agua y unos embalses llenos no eliminan el riesgo de sequía. Es en épocas húmedas cuando las medidas de gestión ayudan a prevenir riesgos futuros.
La floración es el resultado de un delicado ajuste entre múltiples señales ambientales que van más allá de la disponibilidad de agua.
Perder suelo significa perder capacidad productiva y biodiversidad. Esta es una de las consecuencias de los temporales, cuando coinciden una alta intensidad de lluvia con una baja capacidad de infiltración.
Tanto en áreas urbanas como rurales pueden aplicarse distintas soluciones tradicionales y basadas en la naturaleza para aprovechar el agua y fomentar la recarga de acuíferos.
La persistencia meteorológica es la tendencia a continuar o a repetirse una determinada situación, como el paso de borrascas.
No es posible evitar todos los daños, pero sí actuar para reducir el riesgo y lograr “ciudades esponja” con sistemas de drenaje eficientes y sostenibles.
El patrón habitual en Europa se caracteriza por más días lluviosos en el centro y norte que en el sur debido a la circulación general atmosférica, pero en los últimos meses se ha invertido.
Las precipitaciones de marzo han provocado el aumento del agua embalsada y la recuperación de las tierras de cultivo en la mayor parte del territorio, pero la escasez de agua regresará.
Ante el aumento en la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, deberían revisarse y actualizarse las metodologías tradicionales de previsión y respuesta.
El calentamiento de los océanos y de los polos debido al aumento de las temperaturas globales inducido por el hombre está intensificando los fenómenos meteorológicos extremos.
La sismología del medio ambiente es una nueva herramienta para el estudio de fenómenos naturales más allá de los terremotos, como las tormentas y las lluvias intensas.
Necesitamos una nueva cultura del agua y del territorio para prevenir las avenidas. Son evitables: la clave está en una gestión regional acorde a los ríos y los sistemas hidráulicos.
Si bien el calentamiento global está aumentando la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, otros factores como la pérdida de vidas y los daños económicos determinan cómo percibimos su gravedad.
El impacto del cambio climático en los fenómenos extremos relacionados con el agua es cada vez más evidente, advierte un autor principal del nuevo informe.
Los ríos atmosféricos distribuyen la humedad desde las regiones subtropicales y tropicales hacia el resto del planeta. El cambio climático está alterando este fenómeno que regula las precipitaciones.
A raíz de los temporales de los últimos meses, comienza a cuestionarse si debemos seguir recuperando las zonas afectadas implementando medidas correctoras que no evitan nuevas catástrofes.
El cambio climático traerá consigo menos días de precipitación anual y más episodios de lluvias intensas, provocando periodos de sequías e inundaciones.


















