Articles on contaminación marina
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¿Y si cuidar nuestras playas formara parte de disfrutar de ellas? Los beneficios ambientales y científicos de convertir el cuidado del litoral en un gesto cotidiano
Los peces incorporan en su carne metales provenientes de la actividad humana, de la calima o de volcanes… Sardinas, chicharros y caballas llegan a nuestros platos cargados de una información química que revela lo que ocurre en el entorno que habitan.
Algunos componentes habituales en cremas solares han demostrado ser tóxicos para los corales, sobre todo, en lugares donde estos organismos ya están en peligro debido al calentamiento global.
Las limpiezas voluntarias de playas en España son iniciativas más numerosas de lo que se pensaba. Su gran impacto socioeconómico y ambiental reivindica su integración a la gestión del litoral.
¿Puede el litio “verde” convertirse en un problema para los océanos? Su papel en la transición energética es clave, pero su creciente presencia en el medio marino empieza a despertar preocupación científica.
El color, el olor o la persistencia de la espuma que forman las olas al romper en la arena son indicadores de contaminación del agua.
Anualmente, los barcos desplazan unos 10 000 millones de toneladas de agua de lastre en sus viajes. Ello implicar transportar alrededor de 7 000 especies distintas cada hora y provocar una invasión biológica cada nueve semanas.
La conjunción de cultivos cercanos a la costa, una gestión deficiente de los residuos y episodios de lluvias extremas está convirtiendo la contaminación marina por plásticos agrícolas en un fenómeno global.
Es necesario reducir el uso de este material y mejorar la gestión de sus residuos en todo el mundo.
La coquina de fango, habitual en marismas y estuarios, es un bioindicador de la presencia de microplásticos y metales pesados. Cuanto más pequeñas, más contaminantes alberga, según un nuevo estudio español e italiano.
La sobrepesca y el furtivismo, la destrucción de hábitats, la construcción de infraestructuras y el turismo masivo son algunas de las actividades que afectan a las costas del norte de España.
Una nueva investigación revela que los microplásticos presentes en la purpurina pueden alterar la forma en que los organismos marinos construyen sus conchas y arrecifes.
La reducción derrames de hidrocarburos debido a los accidentes de buques petroleros se redujo especialmente después de la embarrancada del Exxon Valdez en marzo de 1989.
El transporte marítimo mueve el 80% del comercio global, pero emite un 3% de CO2. Mejorar la eficiencia de los buques es clave para reducir emisiones y avanzar hacia un transporte más sostenible.
Un estudio con esponjas marinas ha identificado bacterias capaces de degradar componentes plásticos, lo que apunta a una solución posible pero aún lejana al problema del plástico en los océanos.
El 25 de noviembre comenzará en Busán (Corea del Sur) la reunión del Comité intergubernamental de negociación sobre la contaminación por plásticos. Es de vital importancia que el Tratado del Plástico se apruebe.
El turismo no es el mayor responsable de los residuos marinos detectados en las costas, sino la población local. Áreas residenciales tienden a contaminar más que zonas predominantemente turísticas.
El 28% de los microplásticos que se liberan a los océanos procede de las ruedas de los coches, que ya son la principal fuente de estas partículas en países como China o Dinamarca. Su toxicidad está empezando a demostrarse en experimentos con diversas especies.
La gran variedad de formas, tamaños y composiciones químicas de los microplásticos dificulta la tarea de establecer límites de concentración seguros, lo que no ocurre con otros contaminantes.
Los expertos llevan años alertando de la frecuente llegada de pélets a las costas y de la necesidad de regular su tráfico marítimo para que los barcos no pierdan los contenedores en el mar.

















