Articles on apagón ibérico
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En un mundo marcado por una incertidumbre constante y el avance del cambio climático, la inteligencia artificial y los conflictos geopolíticos, ya no sirven los paradigmas pasados para responder a las crisis.
Pasar de la generación eléctrica focalizada en determinadas zonas a subsistemas regionales interconectados permitiría proteger al sistema en su conjunto. En caso de fallos, solo se desconectarían los subsistemas afectados.
Hace ya un año del apagón ibérico. El cero eléctrico del 28 de abril de 2025 ha tenido un impacto económico de 1.600 millones de euros, que ha repercutido en la factura eléctrica de los consumidores españoles.
Sin generadores de respaldo o sistemas autónomos, un corte eléctrico paraliza todo el sistema urbano del agua en minutos. Afortunadamente, hay soluciones.
Las catástrofes naturales y emergencias ocurridas en los últimos meses ponen de manifiesto que la seguridad no está garantizada. Requiere anticipación, responsabilidad y una respuesta ciudadana calmada y solidaria.
Un experto en ciberseguridad responde a la pregunta que aún está en la mente de muchos: ¿Y si el apagón fue un ciberataque? Y explica cómo se trabaja para evitarlo.
¿Puede repetirse un apagón como el del pasado 29 de abril? ¿Cómo podemos evitarlo?
Una de las lecciones del gran apagón en España es que la radio siempre está ahí para acompañar, conectar y transmitir información esencial cuando el resto de las comunicaciones fallan.
Los sistemas eléctricos nacionales son extensos, complejos, sensibles e interconectados y en ellos participan distintas fuentes de energía (fósiles, renovables, nuclear). Diseñados para mantener el equilibrio…
Cuando todo falló, la radio siguió sonando en el apagón, como ha hecho en anteriores crisis y conflictos bélicos.
El operador del sistema eléctrico debe realizar una serie de estudios periódicamente para comprobar la respuesta ante incidencias en los diferentes elementos del sistema eléctrico.
El lunes 28 de abril a las 12.32h., y durante 5 segundos, desaparecieron de la red eléctrica peninsular 15 GW de potencia, más o menos el 60% de lo necesario para satisfacer la demanda de ese momento.
Cuando se apagó la luz, hubo que encender las ideas para ‘rellenar’ el tiempo libre que se nos había dado.
Sin suministro eléctrico estable, todo el edificio digital se tambalea y, con él, también nuestras rutinas diarias, nuestras transacciones financieras, nuestra comunicación y nuestra seguridad.
Ya en 2021 podíamos vislumbrar que un apagón era inevitable dada la complejidad del sistema eléctrico y las crecientes tensiones a las que estaba y está sometido. Pero lo que más complica las cosas es la privatización del sector energético.
Visto desde fuera, puede parecer que se tardó “demasiado” en recuperar la electricidad tras el apagón ibérico del pasado lunes. Pero el proceso de reposición del suministro tras un cero generalizado es ciertamente complejo.
Como en la pandemia de covid-19, el corte de luz masivo desabasteció de papel higiénico a los supermercados. Algunos expertos han indagado en las causas de esta curiosa conducta en tiempos de crisis.
En momentos de crisis, relacionarnos con otros –incluso, con desconocidos– es clave para nuestra resiliencia psicológica. Estudios de neuroimagen revelan que las áreas cerebrales asociadas al miedo y la incertidumbre se calman en compañía.
El mes de abril, caracterizado por una baja demanda energética, es ideal para que las renovables cubran gran parte del consumo, lo que pudo haber contribuido al apagón del pasado día 28.
Hospitales, aparatos de terapia domiciliaria, conservación de medicinas y alimentos… El apagón eléctrico generalizado fue un reto para el sistema de salud del que salimos airosos.



















