- Profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Conseguir cambios reales en el comportamiento hacia la sostenibilidad pasa por involucrar a estudiantes y comunidades locales con la práctica cotidiana.
La salud mental de los jóvenes está en declive. La universidad es uno de los ámbitos donde más se puede hacer por detectar y ayudar con casos de ansiedad o depresión.
La mayoría de niñas y niños de 9 años usan más de una hora al día el móvil de sus padres si no tienen móvil propio. Los riesgos siguen ahí, y a menudo sin las precauciones imprescindibles.
Un estudio cualitativo con alumnos y alumnas del grado de educación indica algunas de las creencias que perduran entre los jóvenes.
Ir caminando al colegio, a ser posible sin padres o adultos, es recomendable no solo porque los niños hacen más ejercicio: mejora su sentido de autonomía y su conocimiento del entorno en el que viven.
Existen algunas iniciativas que buscan integrar la labor de los educadores sociales con la de las escuelas e institutos, buscando el bienestar y la integración de los alumnos.
Es necesario incorporar en los currículos oficiales y en la educación no formal espacios donde se le preste especial atención a la educación emocional y la educación en salud de los niños y niñas ante las carencias en este sentido que la pandemia ha sacado a la luz.
Las nuevas formas de consumir porno por parte de los adolescentes, y también de los adultos, y la ausencia de una educación afectivo sexual de calidad en los centros educativos y en las propias familias genera machismo, explotación sexual infantil y relaciones de sexo violentas.
Analizar los errores cometidos durante una pandemia es fundamental para evitar cometer los mismo errores en futuras crisis. Con este objetivo ha nacido el Libro Blanco del covid-19.
El movimiento #MeTooIncest, surgido en Francia a través de Twitter, podría ayudar a acabar con el tabú del abuso sexual que sufren niños y niñas y ayudarles a superar este evento tan traumático.
Al pedir a niños y niñas de entre 6 y 11 años que dibujaran su vivencia de la pandemia, los papeles se llenaron de imágenes del virus, mascarillas, calles vacías, el SARS-CoV-2 atacando a un mundo enfermo y también arcoiris.
La adaptación a la enseñanza en línea, la inestabilidad laboral en la pandemia, la tensión por hacer que las normas sanitarias se cumplan en las aulas, el teletrabajo… Estas y otras causas han hecho que el estrés haya llegado a los profesores en uno de los cursos más complicados que han tenido.
A principios de 2020, el mundo en que vivimos cambió de la noche a la mañana como resultado de una pandemia sin precedentes que no nos ha dejado indiferentes.
Un equipo de investigadores ha estudiado cómo viven niños y niñas el confinamiento. Muchos coinciden en que se encuentran solos sin sus amigos, echan de menos a los abuelos, a sus profesores y sueñan con moverse libremente en espacios abiertos.
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