- Profesor Titular del Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia, Universidad Complutense de Madrid
Las palabras con connotaciones emocionales se leen a distinta velocidad según sean positivas o negativas, y según la personalidad de quien las lee.
¿A qué huele una palabra? ¿Nos avisa su mero sonido de un peligro al acecho? ¿Y cómo sonaría un olor agradable? El fonosimbolismo demuestra que la relación de las palabras con su significado no es siempre algo casual.
El uso y “compresión” de palabras que no existen revela interesantes claves sobre cómo funciona el cerebro y cómo adquirimos los significados emocionales a partir de estímulos visuales en la lectura.
Generalizar nos ayuda a responder a los estímulos externos y adaptarnos al ambiente. Cuando lo hacemos en un grado demasiado alto acabamos teniendo reacciones exageradas que nos perjudican.
Al contrario que otras lenguas, el español tiene género gramatical: todo sustantivo es o masculino o femenino. ¿Qué supondría incluir un tercer género neutro?
Una vez establecidos los cimientos de una relación, las parejas atraviesan una fase de alrededor de 3 años y medio en la que predomina el componente pasional. A partir de ahí, desciende la importancia de la sexualidad. Y es más probable que la pareja se rompa.
Las comas son vitales a la hora de interpretar el sentido de lo escrito; tan malo es no ponerlas donde son necesarias como poner comas de más.
Los emoji permiten salvar algunas de las limitaciones de la comunicación por texto, pero su significado no está exento de ambigüedad.
Nuestra manera de asociar las palabras influye en nuestra manera de ver el mundo. Y la emoción es una fuerza determinante en estas “afinidades” léxicas.
Según confirman diversos experimentos, el mero hecho de activar la musculatura que nos pone un gesto risueño en el rostro levanta, aunque sea levemente, el ánimo.
Al tratarse de una experiencia subjetiva y privada, la consciencia se resiste a la observación. Repasamos las útimas teorías sobre este fascinante misterio científico.
Más de 36 000 partidas jugadas para descubrir el nivel de conocimiento de la ciudadanía. La plataforma “La Gran Pregunta”, diseñada por un grupo de científicos para medir la cultura general en España, ya está sacando a la luz quiénes son los que más y los que menos saben.
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