Articles on SARS-CoV-2
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Las elucubraciones sobre la recientemente bautizada enfermedad con tan poco agraciado nombre no deben considerarse más que especulaciones carentes de una base científica sólida.
En un momento de gran trascendencia en el control de la pandemia un segundo agente antiviral por vía oral específico para esta infección, tras la reciente autorización del molnupiravir, supone un relevante avance en la lucha contra la covid-19.
Está a punto de comenzar el tercer año de la pandemia de covid-19. Las vacunas le han dado la vuelta a la situación, pero no podemos olvidar que nos encontramos ante una sindemia en la que influyen factores sociales y económicos. Tampoco que la desigualdad vacunal ha sido el gran fracaso de 2021.
Predecir cómo evolucionará el virus es muy arriesgado. No podemos descartar que incluso la situación empeore, pero también podemos encontrar algunas buenas noticias que nos permiten seguir siendo moderadamente optimistas.
Lo que hace a ómicron más preocupante que las demás variantes del coronavirus causante de la covid-19 es su mayor infectividad, que algunos expertos han comparado con la del sarampión.
Estábamos finalizando la campaña masiva de vacunación de covid-19, iniciando la de los niños y administrando la tercera dosis para mayores cuando, de repente, surge con fuerza una nueva variante, la ómicron, que altera nuestras vidas y nuestros planes navideños.
Ante las persistentes dudas sobre las vacunas, a pesar de sus indudables beneficios, la transparencia es esencial. Esto es especialmente cierto en el caso de las complicaciones más raras. Se han iniciado estudios para identificar los riesgos.
Recurrir a mensajes apocalípticos frente a la nueva variante es una mala estrategia. La mejor forma de prepararse para lo peor no es decir a la gente que tiene que prepararse para lo peor, sino tratar de buscar soluciones. Ante el embate de ómicron: vacunas, test, mascarillas, distancia, ventilación y refuerzo sanitario.
Los dos tipos de pruebas de COVID-19 – antígeno y PCR – funcionan de formas muy diferentes, por lo cual una es rápida pero menos certera y la otra lenta y precisa.
A pesar del riesgo que seguirá habiendo en torno a la covid-19, es posible que tarde o temprano todos pasemos la infección y que el virus cause un menor perjuicio a nuestra vida cotidiana.
Todo el ruido político, económico y mediático de estos días responde más a una especie de pánico pandémico que a la ciencia. Hay que analizar, comprobar y tener calma para tomar medidas efectivas. Y sobre todo, seguir empeñados en vacunar al mayor número de personas posible.
La respuesta frente a la nueva variante ha de ser reducir al máximo la exposición al virus y aumentar la población inmunizada en todos los países del planeta, limitando las oportunidades de que aparezcan nuevas mutaciones en el virus.
No sabemos todavía si la nueva variante del SARS-CoV-2, denominada Ómicron, es más transmisible, si sustituirá a otras variantes, si es más virulenta, no sabemos cómo afectará a los niños ni si escapará de las vacunas actuales. Sabemos que hay que vigilarla y que la vacunación ha de ser global.
El sistema inmunitario no es como un clavo que se va hundiendo más y más a cada golpe: si no responde a la primera o segunda dosis, lo más seguro es que no responda ni a la tercera ni a la cuarta.
La pandemia produjo una distorsión de las redes de vigilancia de la gripe para pasar a una vigilancia simultánea de todos los virus respiratorios. Estos son los más abundantes.
El alarmismo creado alrededor de la variante Delta AY4.2 del virus causante de la covid-19 no está justificado. Los datos disponibles indican que no supone tanto riesgo como otras variantes previas.
El comportamiento de la población y las intervenciones gubernamentales fueron los impulsores más importantes en la reducción de la transmisión del virus durante la primera ola de la pandemia.
Las grandes crisis siempre han afectado a la población. En las guerras por las muertes directas y al descenso de natalidad posterior. En las pandemias, además de la mortalidad, se añaden el posible efecto directo de la enfermedad sobre la fertilidad y el efecto indirecto sobre las decisiones de las parejas a la hora de concebir.
El anuncio de los ensayos clínicos de un antiviral contra la covid-19, el Molnupiravir, ha sido recibido con optimismo. Llamado así en honor al martillo de Thor, la idea es que golpee al coronavirus como lo haría la temible arma del dios del trueno.
¿Deberíamos considerar mantener la recomendación de usar las mascarillas en los espacios cerrados no ventilados, donde no pueda guardarse la distancia social, en las épocas de picos de contagios de la gripe?



















