Articles on desastres naturales
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Los desastres se definen por la interacción entre un fenómeno físico y las vulnerabilidades de la población afectada. Por eso, la educación y el desarrollo social son decisivos para prevenirlos.
Debatir sobre si las consecuencias de un desastre natural se podrían haber evitado solo genera desolación en los afectados. La psicología de emergencia puede ayudar a las víctimas, pero adaptándose a las necesidades de cada cual. Su reacción no será nunca como la que vemos en las películas de desastres naturales.
Necesitamos una nueva cultura del agua y del territorio para prevenir las avenidas. Son evitables: la clave está en una gestión regional acorde a los ríos y los sistemas hidráulicos.
Frente a la creciente intensidad de los huracanes como el Ida, necesitamos reducir las emisiones de efecto invernadero, desarrollar protocolos de actuación y rediseñar las ciudades.
Un reciente estudio analiza el comportamiento de las sequías en el mundo, las clasifica y aporta una herramienta para predecirlas.
Deberíamos considerar los desastres como procesos históricos y responsabilizarnos como sociedad de nuestro papel en las catástrofes pasadas, presentes y futuras.
“Catástrofe natural” es un término erróneo. Las catástrofes se producen por fallos de la sociedad, no de la naturaleza.
Millones de empleados han protagonizado un éxodo rural en todo el país al escapar de las ciudades a sus hogares en los pueblos. No son migrantes: se les debe considerar desplazados internos.
Satélites situados en la órbita geoestacionaria, donde están aquellos que nos permiten ver la tele, podrían vigilar la Tierra para detectar catástrofes.
En el décimo aniversario de la catástrofe nuclear de Fukushima, dos expertos explican por qué las decisiones humanas son más importantes para la seguridad nuclear que la tecnología, y por qué el trabajo está lejos de estar terminado.
Vertidos de petróleo, accidentes químicos y radioactivos… Los desastres ecológicos tienen consecuencias a largo plazo para las personas y los ecosistemas. Es necesaria una respuesta internacional.
Se estima que los desastres naturales provocaron en 2019 unos 24,9 millones de desplazamientos en 140 países. La cifra sigue aumentando: la crisis climática y las migraciones no se detienen por la covid-19.
La nieve y el viento del temporal provocaron importantes destrozos en los bosques urbanos. Su vulnerabilidad era mayor debido a factores como las podas, la disposición de las ramas o el insuficiente espacio para las raíces.
Afrontar los cambios en el clima es un paso crítico para construir un mundo más resiliente. Diferentes herramientas tecnológicas permiten evaluar sus efectos y mejorar la respuesta.
Parece que los problemas ambientales que generamos nos quedan cada vez más grandes. ¿Tenemos la capacidad de resistir los embates venideros? ¿Crecen más rápido los problemas que las soluciones?
Asistimos a una pugna entre las ansias de los seres humanos por cumplir sus deseos y la resiliencia de los distintos elementos que configuran el planeta.
A raíz de los temporales de los últimos meses, comienza a cuestionarse si debemos seguir recuperando las zonas afectadas implementando medidas correctoras que no evitan nuevas catástrofes.
Los miles de millones de dólares que se dan como ayuda cada año para aliviar los daños generados por terremotos y huracanes tendrían mejores efectos si no se concentraran en determinados puntos.
Miles murieron después del paso del huracán María, pero no debió ser así. Las primeras evidencias debían haber llevado al Gobierno a una respuesta mucho más consistente.
El sismo que mato a 300 personas en la Ciudad de Mexico en septiembre 2017 fue muy inusual por su ubicación y causa, según sismólogos.



















