Articles on Antártida
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La investigación antártica actual produce una gran cantidad de información, pero no siempre genera el conocimiento necesario para guiar la protección de esta región cubierta de hielo.
En un mundo dividido, España propone una base compartida en el polo sur. El plan busca unir países y cooperar bajo un mismo techo científico en la Antártida.
La Antártida es un laboratorio natural ideal para estudiar los efectos del cambio climático, como relatan los participantes en este proyecto de ciencia española en los confines del mundo.
En la Antártida las políticas ambientales, diseñadas para reducir el impacto humano, también funcionan como políticas de memoria.
Han pasado casi diez años desde que España definió su estrategia polar, pero aún no la ha aplicado. Mientras, otros países avanzan en sus políticas para el Ártico y la Antártida.
En la Antártida, así como en otras áreas del planeta, el retroceso glaciar eleva el terreno y deja al descubierto las llamadas ‘playas levantadas’. Estas nos dan pistas muy importantes a la hora de reconstruir la historia glaciar de una región.
España destaca en la Antártida por su liderazgo científico y diplomático, defendiendo la paz y la sostenibilidad polar, y en el Ártico como observador activo diplomático, aunque con menor margen de acción.
Un equipo de investigadores ha encontrado bacterias atrapadas durante décadas en el interior del hielo antártico que ofrecen pistas sobre la vida en planetas como Marte.
Los residuos plásticos en el mar albergan la plastisfera, todo un nuevo ecosistema microbiano.
En la mayoría de los mapas la Antártida no aparece. Si la colocamos en el centro del mundo podemos ver su importancia, la de los océanos y comprender el alcance del cambio climático.
El océano Austral es clave en la investigación climática. Este artículo recorre su historia, desde las primeras incursiones en el s. XVI hasta su papel actual en la lucha contra el cambio climático.
Pasajes paisajes glaciares únicos, condiciones climáticas inigualables, la compleja historia geológica del continente helado… son algunas de las experiencias que vivieron los exploradores de la AEPECT, contadas en primera persona.
Casi un cuarto de cada bocanada de aire que respiramos se lo debemos a las diatomeas. Sus esqueletos de sílice podrían ayudarnos a entender cómo interactúan los ecosistemas marinos con los cambios climáticos del planeta.
La posición de la isoterma cero en la Antártida se ha desplazado 100 km al sur desde mitades del siglo XX. El calentamiento global está provocando que cada vez se mueva más rápido, lo que conllevará cambios en los glaciares y las precipitaciones.
El observatorio submarino situado en la Base Antartica Española Juan Carlos I funciona con baterías de litio y un sistema de ahorro energético que le permite matenerse activo incluso cuando no hay personal en la base.
Estos enormes bloques de hielo se nombran para informar a científicos y navegantes. Aunque existen cientos, el cambio climático podría hacer que su número aumente.
En un reciente estudio se ha detectado la presencia de nicotina, cafeína, filtros solares y varios fármacos en las aguas antárticas. Los autores señalan la necesidad de reducir la actividad humana en la zona y limitar el uso de estas sustancias.
Las formas del lecho marino revelan que las capas de hielo pueden derrumbarse y perder hasta 600 metros por día.
Mientras el descubrimiento de Antártida se presenta recurrentemente como un hecho puntual y fortuito, la arqueología explica la llegada humana como parte del proceso de expansión del capitalismo.
El derretimiento del manto de hielo antártico contribuye y contribuirá durante mucho tiempo a la elevación del nivel del mar, lo que va a poner a prueba la capacidad de adaptación de la humanidad.

















